Fuego en Los Ángeles (y una señora)

Arde un contenedor frente a las Galerías de Alimentación de Los Ángeles

Un contenedor de basura se incendia en el barrio Los Ángeles (Alicante)/ Foto: Esteban Ordóñez

Un contenedor de basura se incendia en la calle Ciudad de Alfaro del barrio Los Ángeles (Alicante)/ Foto: Esteban Ordóñez

Ya todo ha terminado, llego tarde. Apenas queda el esqueleto calcinado. Los hilos de baba y los borbollones de mucosa que segrega el plástico al arder están secos, paralizados en la solidez desordenada y caprichosa de la ruina. Chorretes adheridos al asfalto bajan desde los botes de laca: el fluido incandescente imaginó caminos en la mugre, incendió las materias más torpes, quietas, vegetales, y goteó libremente y hedió a su gusto. Entonces nos acordamos del petróleo: “Ah, sí”, habrá dicho alguno.

Una pareja de jóvenes permanece junto a los restos con las manos hundidas en los bolsillos de sus chaquetas. Uno guarda silencio, cabizbajo, de vez en cuando  levanta la cara para ayudarse a tragar amargamente. El otro intenta imitarlo, pero se balancea y se aplica seriamente en repasar las líneas de unas baldosas con la punta de la zapatilla. Se diría que se ha equivocado de entierro si nos rodearan mármoles o cruces. Un trabajador del ayuntamiento aconseja al primero: “Pues nada, al seguro y arreglado. Suerte llevas, sólo se te ha quemado un poco el capó… Una pasadita de lija y tal”. El chico mira su furgoneta inoportunamente aparcada y, de nuevo, levanta la cabeza.

Una señora me mira de reojo cuando saco la cámara y eleva la voz: “Sí, yo lo he visto todo”. Parece que se dirige al funcionario de limpieza, que no se da por aludido. Me acuclillo para tomar la segunda foto. La señora detecta en mí un exceso de interés y se acerca. “Tú, chico, tú eres periodista”, señala la cámara, me mira, no pregunta, afirma, insiste en señalar la cámara. Esta tía no ha visto un periodista en su vida, pienso, ni ha visto una cámara de reportero. Además, ellos fotografían con derecho y determinación; en cambio, yo la saco con vergüenza y al pulsar el botón casi siento que estoy dañando a alguien. “Algo así”, respondo (más por no quitarle ilusión que por considerarme dentro del oficio). Si supiera que mi hermano ha visto el incendio desde el autobús y me ha avisado por si quería hacer un articulillo de esos míos y que, ante la expectativa de una tarde vacía, dije “si eso ahora me paso”. Ninguna hazaña periodística comenzó con una frase así.

-Han sido unos chiquillos que siempre están dando guerra con las motos- me da golpecitos en el hombro, por lo visto no estoy lo suficientemente despierto- Y, claro, no se les puede decir nada porque se rebotan ¿sabees? Aquí es que una tiene que tragar… Acuérdate, chico, que han quemado esto para joderme el toldo.

-¡No me diga! ¿Es esta su casa?- señalo el primer piso, cuyo alfeizar apenas se ha tiznado.

El letrero de la sucursal de BBVA resultó dañada por el fuego (Alicante)/ Foto: E.O.

El letrero de la sucursal de BBVA resultó dañado por el fuego (Alicante)/ Foto: E.O.

-No, es esta de aquí, claro- indica el primer balcón de la acera de enfrente y contrae la cara con tal convicción que pienso que se me escapan cosas evidentes- Mira, antes de ayer los eché de aquí, chico, que no me dejan ver eso del ‘Saber y Ganar’ ¿sabees? y fíjate lo que hacen… Un día acaban conmigo ¿eeh? acaban conmigo- se toca la frente, lamentándose.

-¡Señora! Es imposible que le llegue a usted el fuego desde aquí- dice un hombre que hasta ahora pasaba desapercibido- Además, yo no he visto en todo el día a ningunos chavales por aquí.

-¡Uuuh! Que no me llega dice, pues gracias a Dios- más golpecitos, más rápidos- Van a por mí- intento apartarme, pero el dorso de su mano adquiere la contundencia de un martillo neumático…

-En las últimas semanas han quemado varios contenedores por la ciudad- me aclara el funcionario de limpieza- Este no es el único.

La señora gruñe por lo bajo, resignada ante el complot, reducida acaso por una información que parece real y sin importancia en boca del trabajador. Remata: “¡Vaya! Pues yo no oigo el ‘Saber y ganar’… Todo el día con el broom, broom ¡A mí me lo van a decir!”.

Sólo cuando me alejo por la calle Ciudad de Alfaro vuelvo la vista y reparo en que la señora no lleva batín, sino una rebeca blanda, sin ninguna rotura concreta pero estropeada por los años. Todo indica que esta historia no tiene ningún valor. Un contenedor se ha chamuscado y prou. Pero ¿por qué no? Por lo menos, aprovechando que el barrio se llama igual que la meca del cine, le pondré un titular llamativo, de impacto, que sugiera un equipo afanándose delante del ordenador para crear fuegos que no queman, humos que no asfixian…

Anuncios

Una respuesta a “Fuego en Los Ángeles (y una señora)

  1. Pingback: Busca las crónicas e historias de tu barrio |·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s