Una doctora abronca a una paciente: “Estás enferma porque te lo mereces”

Hay médicos locos. No debería contar esta historia, más que nada porque los funcionarios siempre se ofenden en grupo… Bueno, dejaré claro, antes de nada, que es un caso excepcional. O eso creo. La cosa es que la protagonista, la paciente, tiene mocos.

Olvidaos de esa chorrada de sorber sin parar un agüilla leve y serpeante. Hablo de mocos, de algo sólido, de la sensación de que una masa amarillenta y creciente empuja hacia afuera los huesos del cráneo. Hablo también del ahogo, de ese crujido impertinente que bloquea las fosas nasales y, como no, de la frustración ante el pañuelo prácticamente seco y de la inutilidad de encabritarse y sonarse y llevar las sienes al borde del colapso. Demasiado gráfico, lo sé, pero quiero que la entendáis.

Y a ese barullo de GONG latiendo de la nuca a la boca añadidle un amasijo de algo en la garganta. Una semana antes, en Urgencias, le inyectaron antibióticos porque las placas de pus jugaban al Risk en su laringe y no tenían rival. Más que placas parecían remaches de silicona. ¿Sabéis esa flema inquebrantable que se aloja a veces tras la campanilla y casi se puede masticar? Pues eso. Le dijeron que unas pocas horas más y las vías se habrían obstruido. Cosa seria…

Hay mocos que empujan hacia afuera los huesos del cráneo /Foto: Manjar de hormiga

Hay mocos que empujan hacia afuera los huesos del cráneo /Foto: Manjar de hormiga

Gracias al medicamento intravenoso el gripazo remitió, la fiebre y el resto de síntomas amainaron. Creía haber escapado: con las neuronas algo más frescas se lanzó a recuperar los días perdidos y regresó al trabajo. La habían contratado hacía unos días, era su primera oportunidad después de más de un año en paro. Sin embargo, al poco tiempo, sientio de nuevo la espesura al tragar.

Así entra a la consulta de un ambulatorio de San Vicente del Raspeig. Su madre la acompaña. Débil, deprimida, bajo amenaza del moco invasivo y de las sienes sobrecargadas y de los puñados de pus, y encima la fiebre que puja y escalofría o suda sobre el sopor del cuello. Y recuerda el GONG. Otra vuelta el maldito GONG cuando se suene, GONG cuando estornude, GONG si habla, GONG, GONG, GONG cuando se rasque.

Oye a la doctora de fondo. Le explica el problema y detalla los antecedentes.

La médico refunfuña: “Toda la mañana igual, es increíble”. Madre e hija la miran sin comprender y la otra se subleva: “¡Reposo!, la gripe se cura con reposo, estoy cansada de decirlo. De verdad, nada más que viene gente con lo mismo. ¡Hay que estar en cama y no moverse!”.

La paciente levanta sus ojos hervidos. Está lánguida, vacía de fuerzas. Reúne la poca voz que le permite la infección, suplica que le ausculte la garganta y aclara que los antibióticos le funcionaron bien. “¡No tendría que recetarte nada! Reposo, eso es lo que hay, y quien no lo entienda…”.

barrios

-Yo le puse una cebolla partida por la noche para ver si le bajaba un poco la congestión… – añade la madre sin venir a cuento, para que la doctrora comprobara que sí guardaban cuidados y precauciones.
Pues si ella piensa le va bien, pues nada, ¡ale, ale!…-paladea una risa sarcástica.

La pobre griposa se esfuerza y matiza que su contrato acababa de empezar y no era muy aconsejable coger una baja tan pronto. Insinúa que podía quedarse sin su primer trabajo después de tanto tiempo en el paro. “¡Te lo mereces!”, salta la doctora, incombustible, escupiendo cúmulos de rabia, “¡estáis malos porque os lo merecéis!”. Insiste, furiosa, en que todos los pacientes llegan con lo mismo. Quizás ha descubierto de repente, esta mañana fría de 2015, que a su mesa no llegan casos apasionantes que le exijan exprimir su ciencia y reten su creatividad. Tal vez guarda un bisturí deseoso e intrépido en el cajón del escritorio. A lo mejor se está gritando a sí misma. No obstante, eso la enferma lo pensará más tarde. Ahora no aguanta más, se levanta y abandona la consulta. Su madre permanece dentro y, en cuanto consigue salir del asombro, se rebela y reprende a la funcionaria.

Los que esperan en la puerta tuercen el cuello, se intrigan.
Ella, febril y densa, atolondrada y triste, se dirige a la salida, pasito a pasito:
GONG             GOng              gong

 

casillafacebook

Anuncios

Una respuesta a “Una doctora abronca a una paciente: “Estás enferma porque te lo mereces”

  1. Pingback: Busca las crónicas e historias de tu barrio | Manjar de hormiga·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s