Rafael Chirbes: “Cuando termino una novela soy incapaz de juntar la ‘a’ con la ‘b'”

Rafael Chirbes llena el Auditorio de la Diputación de Alicante en el ciclo Cada cual

Algo les sorprende al revisar el auditorio. Ellos son la primera señal de la llegada del autor: unos pocos profesores, escritores, críticos; intelectuales locales visibles en cada lugar de la ciudad por donde asome la literatura. En realidad, son ellos los que promueven la cultura y la mantienen caliente para que los oportunistas acudamos, de uvas a peras, cuando aterrizan autores mediáticos como Rafael Chirbes. Llegan rezagados y contemplan la bancada con una sonrisa en los labios, enorgullecidos. Visten con una formalidad descuidada y recuerdan a palabras reñidas como calma y rebeldía. Tienen nombres de poetas como Joaquín Juan Penalva, José Luis Ferris o Juan Ramón Torregrosa.

Cuando empiece la charla, cuando el autor de En la orilla haya sido presentado, su interlocutor en este Cada cual (organizado por el Instituto de Alicantino de Cultura), el crítico Ángel Basanta, revelará la causa de la sorpresa: “Cuánta gente, como si hubiera venido Cristiano Ronaldo”, ironizará.

Es verdad, hay mucha gente. Algunos preparan sus grabadoras, testean cámaras, anotan en un cuaderno o comentan párrafos de Crematorio. No es público de bulto, se olfatea un interés profundo y cierto sobresalto. Piernas cruzadas, sienes atentas, pechos que se inclinan y revisan la puerta. Todo por ese ser apocado que entra al rato, camina hacia la mesa y propaga el silencio.

El poeta Joaquín Juan Penalva presenta a los dos contertulios. El autor de Tavernes, más que escuchar, soporta los datos que ensalzan su calidad literaria. Peina una raya despistada en el lado izquierdo y menea sus cejas de larga mancha como alas de pájaro viejo. Mira sus manos, se acoda en la mesa, juega con el tapón de la botella de agua, lo abandona, apoya la boca entera sobre la palma de la mano o vuelve al tapón (se intuye un martilleo de piernas debajo de la madera).

Rafael Chirbes y Ángel Basanta en el ciclo 'Cada cual' (Alicante)

Rafael Chirbes y Ángel Basanta en el ciclo ‘Cada cual’ (Alicante)

Ángel Basanta propone rastrear su obra a la inversa, comenzando por En la orilla; sin embargo, Chirbes, rebelde irreductible, se retrae a La buena letra. Dice que si hay algún motivo para el arte no es otro que evitar ahogarse y salvarse, aunque realmente nada salve. No comprende de qué tratan sus libros y se acuerda de Proust, el genio que adivinaba qué escribía a medida que lo escribía. Apoya su discurso en un movimiento circular de manos, empuja las reflexiones hacia arriba, del estómago a los pulmones, y las arroja al público. “En literatura uno no tiene nunca oficio”, aclara, “cuando termino una novela soy incapaz de juntar la ‘a’ con la ‘b’… he quemado un lenguaje”.

De nada sirve la literatura
Defiende que cada obra es un ajuste de cuentas. Para afrontar un nuevo texto, para tener algo que decir, debe cambiar de posición en el mundo. La buena letra, recuerda, le estalló en las manos después de varias tragedias cercanas: la muerte de una amiga de cáncer, la de otro de SIDA… Una turbación, una gran sombra, un fin del mundo que un día torturó las entrañas del autor y que hoy señala como ejemplo, inevitablemente de pasada, por la estructura de la charla, porque los años y los libros han pasado; porque el escritor lucha contra el tiempo, lo diseca, lo clava con chinchetas en las páginas, pero el tiempo es imperturbable. De nada sirve la literatura.

No sólo su temple retórico lo hermana con Marsé; aploma también un carácter canalla y antiacadémico. “Esto de fondo y forma es mentira, sólo hay un texto”. Huye de tópicos y grandilocuencias y se aproxima a su propia obra a pecho descubierto, con temor. Guarda un profundo respeto por el acto de la escritura. Admira la autonomía de la creación: valora la figura del escritor como un instrumento del que se sirve el relato. Poco más.

Rafael Chirbes/ Foto: Yves Tennevln_Flickr

Rafael Chirbes/ Foto: Yves Tennevln_Flickr

Aboga por una moralidad que no trate a nadie por encima del hombro, ni siquiera a los propios personajes, que deben ser más listos que uno mismo. Sin embargo, no equivoca el objeto del compromiso y desprecia la literatura beata, esa que se enfanga en el buenismo, la ingenuidad o la corrección política. “Uno tiene su ideología… a partir de ahí la narración y los personajes eligen su propio camino de manera casi inconsciente”.

Una pereza lúcida
Cuando permanece callado y escucha, Rafael Chirbes estanca una rara expresión de ojos, como de haber salido de un entuerto y estar manchado todavía. Luego su discurso fluye, agracia los párpados, entre la humildad y la ironía, convencido quizás de su propia irrelevancia; se apasiona, el público asiente, sonreímos todos de lado, satisfechos. Nos arrellanamos cuando critica la hipocresía, la médula espinal del felipismo y del solchaguismo, “gato negro, gato blanco, qué más daba”, o cuando describe la virtud-detergente del dinero. Se le encrespa un poco la voz, pero nunca pierde, al fondo de las vocales, el gargareo de la pereza. Una pereza lúcida.

Al final, Ángel Basanta abre el lapso para la intervención de los asistentes. Una mano joven recoge el micrófono en las últimas hileras de asientos. “¿Qué siente al saber que Tavernes, su pueblo, lo nombra hijo predilecto?”. Chirbes encoje los hombros: “Mucha vergüenza”. En unos segundos aboceta su corta vida en aquella tierra: calles, amigos, plaza. El oyente, antes de soltar el micrófono, añade una pregunta absurda: “¿Puede mencionar algunos nombres que recuerde?”. Y Rafael, “sí hombre, claro”, recita de memoria varios apellidos. El chico escucha, sonríe, tuerce la mandíbula, ilusiona los ojos; él también nació en Tavernes.

El resto ignoramos qué historias resucita esa enumeración. Tal vez el chaval tenga la esperanza de que, al ser pulsados por los labios del sabio, las vidas de esos nombres resulten menos vulnerables al tiempo y al olvido. Al final, parece que la literatura sirve de algo. Más quisiera Cristiano Ronaldo.

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3 Respuestas a “Rafael Chirbes: “Cuando termino una novela soy incapaz de juntar la ‘a’ con la ‘b'”

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  2. Me parece triste, que usted como periodista ” si se le puede llamar así” diga que el muchacho hace una pregunta absurda … Rafael es parte viva (en ese momento) e su pueblo natal .. absurdo es usted al mencionar las cosas así. Yo soy ese chico, el que le pregunto.. Algo que usted, como periodista dudo que en ese momento supiese que chirbes iba a ser nombrado hijo predilecto de su pueblo natal.

    • Estimado Miguel:
      Creo que no has captado el tono irónico que envuelve a la palabra ‘absurda’. Obviamente, yo sabía que a Chirbes le concederían el título de hijo predilecto, entre otras cosas, porque el chico que hizo la pregunta lo menciona. Además, si no recuerdo mal, la decisión se tomó en enero, y la conferencia se impartió en marzo.

      Mi intención, si me permites que lo explique, era retratar un momento profundamente emocional en el que un lector y paisano pide al autor que mencione algunos nombres de su pueblo. La pregunta en sí, para los presentes, no tenía calado porque, sencillamente, no éramos de Tavernes; sin embargo, para el que preguntaba, significaba mucho. Eso quería mostrar. Me pareció un bello ejemplo del vínculo que es capaz de crear una obra literaria con sus lectores y su tierra.

      Siento no haberme explicado bien. Saludos y gracias por la lectura.

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